Superando el miedo a quedarse sola

Tengo mucha empatía con las chicas solteras que no consiguen pareja fácilmente. Porque… Yo tampoco.  De hecho, para mí es más una excepción estar con alguien que estar “sola”, sí, así entre comillas. Me obligué a deconstruir el concepto de soledad que me vendieron (dígase: se está “solo” por no tener una relación sexo-afectiva con alguien, así tengas amigos, familia, gente maravillosa por todas partes en otros roles) y no sentirme sola por el hecho de no tener una pareja.  Pero… Sé en carne propia que hay mucha presión para que eso sea diferente, que tenerla pareciera ser una obligación para ser considerado un ser humano “valioso”, sobre todo si eres mujer… y que esa presión no solo viene de afuera, muchas veces lo que callamos es que esa presión por momentos, viene de adentro de nosotras y que duele un montón.

Todo lo que parecemos anhelar es tener a alguien con quien caminar lado a lado. Nos culpamos por ser “demasiado sensibles” cuando nos damos cuenta de que la frustración de solo tener nuestra propia sombra cerca para salir a caminar por los senderos de la vida duele, y duele mucho. Sentimos dolor, y sabemos que es algo pasajero, que no va a durar para siempre, pero mientras duele, duele. No dormimos bien, o nos quedamos dormidas arrulladas por las lágrimas. Es doloroso no poder encontrar una persona que quiera crecer con nosotras, que quiera construir. Porque ya perdimos la cuenta de cuántos sapos hay que besar en el proceso de encontrar a alguien. No es una necesidad, suponemos, a lo mejor es un capricho, también suponemos… pero la realidad es que nos gustaría mucho sentirnos valoradas por una pareja y hacer “equipo de vida” con otro. 

Nos gustaría vernos sintiéndonos bien y felices en compañía de alguien más. Porque aunque no lo crean, hace rato muchas mujeres hemos estado en un proceso de deconstrucción continuo para sentirnos plenas en nuestra propia compañía. Pero, ¿poder hacerlo con una pareja no sería llevarlo a otro nivel?  Ah, Oh, sorpresa. ¿Qué pareja? No la hay. En su lugar, una presión insoportable que nos va creando una coraza a punta de dolor. Y menos mal que esa coraza existe. Porque puede que la tal “persona indicada” no exista, que la tal pareja nunca la haya como la queremos. Sin embargo, no vamos a dejar que un miedo que no verbalizamos nos devore. Y la coraza hace algo: aísla el miedo.

Yo ya me creé mi propia coraza para ese tema. No lo volví a traer a flote y no creo que pueda ayudar a nadie con rituales de amor o yo qué sé, porqué estoy en las mismas. Podré estar muy abierta para el amor y todo lo que quieras, pero no hay ritual que sirva si no es el momento adecuado en los tiempos propios de la voluntad del Universo. O sea, si a la vida no se le da la gana, no hay nada que hacer si no poner tu energía en otro lado. Porque aunque no lo creamos, la vida suele ser más sabia que uno, aunque solo lo veamos y reconozcamos con la distancia que da el tiempo. 

Mi atención la puse en otro lado, porque me tocó construir sola lo que en algún momento quise hacer acompañada. Ahora, mi prioridad es estar cómoda en la compañía de mi sombra, mientras hago que otros sueños crezcan. Me tocó deconstruir el concepto de amor, fui obligada por una voluntad que me supera a volcar mi libido en mis proyectos. Pero… ¿cómo lo hice? ¿Valió la pena? Y, ¿qué me enseña?

Vamos por partes. 1. Cómo lo hice: asumiendo lo peor. Sí, así lo hice. Me pregunté: ¿Cuál es el escenario que más miedo me da? OJO: El escenario. ¿Lo puedo visualizar? Sí. Aunque no sea nada fácil, lo puedo hacer. Y digo, el escenario, porque el personaje lo voy a crear yo. Dicen que no somos lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos ante lo que nos pasa. Lo que hacemos con lo que nos es dado. Y, en tal caso, si el peor de los escenarios sucediera, ¿cómo sería yo? ¿Una mujer débil y amargada como me ha pintado la sociedad capitalista occidental que es alguien sin pareja? ¿”Fracasé”? Oh, pobrecita, ¿Triste y sola? ¡De ninguna manera! Al carajo esa imagen que me quisieron vender. No es mía y no la compro. 

Sigamos: 2. ¿Valió la pena? Uff, totalmente. Abracé a mi dolor, a mi humanidad, a mi poder creativo y creador, y cuidé lo más valioso que tengo: esa certeza de que soy un ser humano valioso, resultado del amor de muchos, victorioso por el solo hecho de luchar día a día para ser feliz y defender mi autenticidad, lo que realmente soy, descubrirme a cada paso mientras voy lidiando con la incertidumbre, creyendo en narrativas más amorosas y creando una realidad más amable.

Y…3. ¿Qué me enseña? Que si me voy a sentir como El Colgado del tarot, es decir, como si pasara por una suerte de sacrificio, muy incómoda por estar contrariada por el Universo, en un estado suspendido, agonizantemente, LENTO, pues… Al menos, que me sirva para ver las cosas desde otros ángulos, otras perspectivas e iluminarme, ya que la iluminación tiene más que ver con llevar luz donde antes no la había que propiamente salirse de la oscuridad propia. Me veo obligada a deconstruir el amor, y a darme cuenta de que me mintieron con eso de que solo podía venir en forma de amor romántico. Y que soy abundante en amor, si doy un pequeño cambio de perspectiva. Muy abundante.

Volvamos al tema de estar sola. La Ermitaña de mi tarot, la más sola, es una maga, es como la Gandalf de la baraja, una señora en la cima de la montaña alumbrando su propio camino y encontrando la fertilidad en sus ideas. No está triste, aunque sí sola, muy sola. Este arcano se relaciona con el arcano 18, La Luna, ya que 1+8, da 9… La carta de la magia no le viene nada mal a nuestra Gandalf. 

Si el “peor” de los escenarios románticos ocurre… Y lo pongo entre comillas, porque no sabemos de dónde saqué la madera para construir ese escenario, según quién o quiénes sea el peor, tampoco sabemos con qué se está comparando para ser “peor” o “mejor” el escenario de una soledad no deseada… Esta mujer no va a desperdiciar su vida lamentándose ni comparándose, ni dañándose echándose la culpa e imaginando “defectos” que el capitalismo quiere que crea sobre sí misma, para que consuma más paliativos o tratamientos que la “arreglen”… No, ella va a aprovechar la oportunidad para desarrollar sus poderes psíquicos, conectar con la sabiduría del silencio, domar la cacofonía interior de las voces que no son, ajustar el algoritmo del piloto automático de su vida, es decir, trabajar su inconsciente. Se dedicará a aprender a escuchar su mundo onírico, saber interpretarlo, generar una luz que luego podrá guiarla a sí misma y a otros.

Por eso me gusta esta carta, y por eso se inaugurará esta semana un podcast llamado “El Rincón de la Ermitaña” (atentas!), donde este tipo de reflexiones se harán episodio tras episodio. ¡Ermitañas y ermitaños del mundo, unámonos! Seamos valientes, lo suficiente como para gestar en soledad quiénes realmente vinimos a ser en este mundo, bajo la luz de la incierta Luna y dispuestos a cultivar nuestra magia para iluminarnos e iluminar el camino. 

Ya que estoy hablando lo que mucha gente calla, allá va: no es justo sentirse marginada por no tener más ganas de meterle la energía al área del amor romántico o sexual, cuando hemos visto varias veces que ha sido una pésima inversión, o ser visto como bicho raro, que, sincerémonos, sí pasa, lo disimulan, pero una lo ve con su tercer ojo que bien abierto sí lo tenemos las ermitañas. A ver, no digo que nos cerremos al amor romántico, chicas, pero sí que dejemos de buscarlo con tanto afán, a sabiendas de que el amor es una fuerza universal, y la pareja, un rol. Por lo tanto, si ha de llegar, llega, porque el Universo lo ha hecho una y otra vez y no le ha quedado grande, y que, si el amor no llega cuando ustedes quieren, y en dicho rol, hay muchísimos más roles en los que el amor ya está, y que no vemos porque estamos obstinadas y obsesionadas con la pareja. La vida no para y lo importante es que no paremos tampoco nosotras, nos mantengamos en movimiento siempre y vivamos un montón de experiencias como lo haríamos si sí tuviéramos a ese “alguien”.

Karen, relájate.

¿Has visto que a los deportistas les prohíben tener sexo antes de las competencias? Eso sucede porque, obviamente, se requiere esa energía para la competencia y no para una chica por ahí, o un chico por ahí. El hecho de que no se la demos a un ser humano (por falta de opciones y/o por decisión personal de no andarla regalando a los sapos del mundo), no quiere decir que “apaguemos” esa energía sexual creativa y creadora. Al contrario: la seguimos teniendo y la podemos canalizar en lo que sea que queramos a consciencia. A este proceso se le llama sublimación, y es muy útil para ser más creativos y productivos en nuestros proyectos.

Tal vez no te ganes las dopaminas, oxitocinas y serotoninas que genera el contacto íntimo si decides que esa energía vaya para otros lados. Pero si ya estás acorazada como estoy yo, la aprendes a producir a punta de ejercicio físico, meditación, amor propio y otras herramientas; y, sí, se pueden gestionar las emociones densas que a veces salen a flote, con arte y espiritualidad. 

No soy mis circunstancias. Soy lo que hago con ellas. Lidiar con el miedo a quedarse sola es algo que cada persona debe hacer por sí misma. A mí me sirvió la aceptación y todo lo que ya les conté, porque sí soy jodidamente sensible, pero aprendí a gestionar las emociones de esa sensibilidad y a darme mis propias charlas motivacionales internas. 

El caso es que una se va desconectando de la toxicidad del miedo a quedarse sola cuando deja de ponerle atención y decide vivir la tan temida soledad de la mejor manera. A medida que pasa el tiempo, uno le quita la atención al victimismo de “me va mal en el amor”, y esa energía se la pone a otros asuntos, es decir, uno se enfoca en sus cosas, asumiendo lo peor como algo plausible, y lo mejor (que esa persona llegue, algún día) como algo posible, pero no obligatorio para la felicidad… Uno aprende a deconstruir el amor, dándose cuenta de que es una fuerza universal y, por lo tanto, nos rodea por todas partes, que la pareja no es su única expresión y que uno puede sentirse profundamente amado y puede dar mucho amor por fuera de ese rol. 

Si te gustó este artículo, compártelo con cualquier amiga que lo necesite leer. Sí se puede de-construir el amor y sentirnos profundamente amadas y valiosas, aun sin pareja. Además, pasa algo: cuando disfrutas tu soledad, no la cambias por medias compañías o dramas estúpidos, entonces terminas eligiendo mucho mejor tus compañías. Es decir, no te quedas con cualquiera solo por desesperación.

Les amo infinito.

Vale Montaña

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1 comentario en “Superando el miedo a quedarse sola”

  1. ¡Inspiradora! Es tan importante ser conscientes de la abundancia de amor en todas sus formas y para esto se hace necesario el cambio de perspectiva, objetivo que esta entrada logró totalmente.

    La presión externa por tener una pareja es tremenda, sobre todo en nosotras. El juicio de que algo anda mal en nosotras por estar soltera a veces se proyecta a la presión interna, por eso es tan importante rodearse de todo aquello que materializa a nuestra naturaleza indómita. En ella fluimos con el cauce de la vida haciendo magia con la abundancia universal.

    Gracias por tanto Vale 🧡

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