¿Qué hay detrás del 7 de Copas?

¡Hey, tribu evolutiva! ¿Les ha pasado que tienen mil bendiciones que agradecer, mil cosas hermosas en el momento presente, todas las ganas de salir adelante con sus proyectos y, sin embargo, la mente insiste en nublarles la gratitud, volver una y otra vez a un lugar inexistente e imaginarse dramas dignos de un Óscar?

Como decía Sadhguru: “No se sufre por pasado ni por futuro, se sufre por memoria e imaginación”. Hablemos entonces de que la vida es bella, hasta que se nos nubla con un “7 de Copas” o empezamos a transitar el arcano mayor: “La Luna”.

Nuestra mente es absolutamente maravillosa, y la imaginación es de las herramientas más increíbles que podemos llegar a tener. Sin embargo, no siempre la usamos de la mejor manera.

En términos evolutivos, la mente y los escenarios que se arman remezclando memorias para darle lugar a cosas nuevas por medio de la imaginación, han sido fundamentales para generar herramientas, nuevos conocimientos y para evitar que nos pasen cosas malas.

Mis runas de esta semana fueron unas runas hermosas (Gebo, Uruz, Ingwaz, Ansuz, Kenaz), que me invitaban a celebrar, a crear, a hacer. Sin embargo, mi mente me nublaba una y otra vez el momento presente, como en el “7 de Copas”. Ésta es una carta de copas; por lo tanto, habla de emociones. Sin embargo, es importante resaltar que así como siento, pienso; y así como pienso, vuelvo a sentir. Todo Ying tiene la semilla del Yang y todo Yang la semilla del Ying. Por eso el YingYang, la representación china de la dinámica de opuestos, tiene puntitos.

Las copas y las espadas, en el tarot son, un Ying y un Yang inseparables. La ciencia por otro lado, ha demostrado que el cerebro humano está anatómicamente estructurado para que todas las decisiones estén necesariamente afectadas por la interocepción y los sentimientos.

Cuando sentimos, se producen una serie de sustancias químicas que van al torrente sanguíneo. Según el neuropsiquiatra Dan Siegel, demora 90 segundos en surgir y desaparecer la química de la emoción, es decir, si no volvemos a pensar en eso, las sustancias durarían un poquito más de un minuto para ser metabolizadas y que al cabo de ese tiempo, técnicamente, no tendríamos por qué habitar la emoción. Las emociones, en ese sentido no se habitan: se transitan.

Si un ciclo emocional dura 90 segundos, ¿qué nos hace vivir una emoción durante un día entero? Precisamente es un ciclo, y se puede reactivar con… Sí, con la mente. El pensamiento que se alía con más pensamientos hasta formar un tren que va a mil. El pensamiento es gatillo, es disparador de ciclos emocionales y, muchas veces, de círculos viciosos. Imaginar algo tiene el mismo efecto que vivirlo: si imaginas una comida deliciosa y tienes hambre, salivas como si literalmente la tuvieras al frente lista para comerse. Así mismo, traer una situación estresante una y otra vez es revivirla una y otra vez, imaginar escenarios catastróficos es, como tal, vivirlos en premier, así no vayan a pasar nunca.

Toma tu premio, Karen

¿Alguna vez has pensado a la carta de La Luna como una carta que nos habla del cerebro? ¿No? Pues hoy es el día de verla así. La carta de la magia, lo oculto, el inconsciente, los sueños, tiene como correspondencia cabalística la letra hebrea Qoph, que significa “nuca” o “parte posterior de la cabeza”. La estructura del cerebro puede dividirse en tres partes principales, según la disposición de las neuronas: la corteza, la subcorteza y el cerebelo. También hay otra teoría que lo divide no por las neuronas como tal, sino por funciones predominantes. Es la teoría del cerebro triúnico de Paul MacLean, que sería una agrupación de áreas cerebrales por actividades protagonistas: el complejo reptiliano, el sistema límbico y el neocórtex.

Las actividades más rudimentarias, primitivas y fundamentales para mantenernos con vida estarían a cargo del complejo reptiliano, que en «La Luna” se representaría con la langosta. Luego, el sistema límbico, encargado de las emociones, sería “el inconsciente salvaje”, representado por el lobo en este arcano. Luego, el neocortex, sería representado ya por su domesticación, el perro. Vale la pena destacar que muchos consideran esta teoría ya un poco desfasada, pues el cerebro funciona como un todo, no como un rompecabezas de partes, y los procesos de pensamiento emocional suelen ocupar todo el cerebro, no solo el límbico, aunque ahí se dé la mayor actividad.

El cerebro, al ser el mayor consumidor de energía del cuerpo (pesa el 2% de tu masa corporal y ocupa el 20% de la energía total del organismo), necesita atajos para optimizar el consumo energético, y uno de ellos es el de las predicciones. De hecho, así estamos “cableados”.

En su libro «La vida secreta del cerebro«, Lisa Feldman explica que las predicciones se convierten en simulaciones de sensaciones y movimientos que se comparan con el “input” sensorial real, y si hay una coincidencia, esa simulación se transforma en nuestra experiencia (no vemos el mundo como es, sino como somos en ese momento). Si las predicciones no coinciden con los “input”, el cerebro debe resolver los errores para predecir mejor la próxima vez. Así vamos por la vida suponiendo, simulando, comparando nuestra simulación con lo que está pasando, resolviendo errores y volviendo a predecir, simular, comparar, corregir, hasta volvernos realmente buenos en ello. No hay que “ver para creer”, la evidencia apunta a que hay que creer para ver.

No hay emociones “malas”. Son información. Y como información, son neutrales. Lo que si puede ser bueno o malo es lo que hacemos con ellas. Y ahí entra el “buen pensar”.

A fin de cuentas, lo que más importa es lo que nos decimos por dentro, pues eso nos da el “marco” de las creencias, las etiquetas de las sensaciones que luego transformamos en emociones y, a la larga, en nuestra propia experiencia de estar vivos.

Es importante hacer conscientes los sentimientos para autoconocernos. La información relacionada con ellos tiene que ver con la homeostasis del organismo y también con una suerte de homeostasis a un nivel “ampliado”.

En biología, la homeostasis es un término que designa un proceso autorregulador de los seres vivos para obtener equilibrio y estabilidad de su sistema, mientras se ajustan a las condiciones óptimas para su sobrevivencia en su ecosistema. Si la homeostasis es exitosa, se vive. Si no lo es, se enferma el organismo, y si durante la enfermedad no se ajusta, se muere. 

Lo que sentimos nos indica si hay “ajustes” que hacer. Por eso, no hay emociones malas. Solo emociones que nos muestran que hay que ajustar cosas en nuestras vidas. Debo admitir que para mí la semana, a pesar de mis runas hermosas, tuvo un componente emocional conturbado: mientras las runas me mostraban que tenía mucho que agradecer, crear, hacer, generar y demás, el tarot me decía, una y otra vez, “escucha tus emociones, haz consciencia de qué estás sintiendo, deja atrás esas inseguridades, revisa tu imaginación a ver si no está disparando cosas que no te convienen, controla tu mente”.

Gebo

Empecé la semana, con Gebo, la runa de los regalos, celebraciones, alianzas y amistades. Es una runa que nos invita a reflexionar sobre si somos o no capaces de valorar los regalos que nos da la vida y también qué regalos aceptamos y cuáles no. La respuesta es sí, somos agradecidos y podemos celebrar cuando habitamos el momento presente y tenemos un equilibrio homeostático (aka, “estamos bien”).

Uruz

Al día siguiente, mi runa fue Uruz, la runa del buey salvaje que todo lo puede, el que sabe que la voluntad llega a donde sea, como en “El Carro” del tarot, cuyo gran misterio es la alineación entre mente, emoción y voluntad para mover el vehículo a su destino. La pregunta con Uruz tiene que ver con ¿qué es un capricho y qué es realmente un deseo del alma y como hago para alinearme con la que es? ¿Cuál es la verdadera Voluntad? Porque siempre hay que tener cuidado con las energías externas que nos confunden, nos hacen perder la confianza en nosotros mismos y, por lo tanto, nos “apagan” el fuego de la voluntad… Sea la presión social, familiar, o incluso la admiración por los procesos ajenos, hay muchos peligros que acechan nuestras ganas de salir adelante en nuestros propios términos. Lo que necesitamos y lo que creemos necesitar pueden no ser la misma cosa. La procrastinación que se da ante las muchas opciones que nos puede brindar nuestra imaginación, otra de las características del “7 de Copas”, tiene que ser enfrentada con la certeza de saber qué es lo más importante en qué momento. ¿Qué es lo que se necesita? Y ahora, ir por ello.

Ingwaz

Otra runa de la semana fue Ingwaz, que invita a culminar el frio invierno (emociones que retraen) y abrazar el inicio de la primavera (emociones que expanden). Reconocer, integrar y vivir la energía fundamental del amor universal es necesario. Ahora bien, adivina qué nos lo impide muchas veces. Sí, la mente.

No se celebra lo suficiente porque la mente divaga en lo que podría llegar a ser “mejor” que lo que tienes, o te recuerda una y otra vez que todo sería “mejor” si no hubiese pasado x, y o z. Nos distrae del ahora, divagando y distorsionando la memoria cada vez que la llama. El “7 de Copas” insiste en darnos muchas opciones, todas en la nubecita, de un futuro, o de una realidad paralela…y así se nos pasa la vida, y con ella, la oportunidad de ser felices.

Además de «Gebo», “Uruz” y “Ingwaz” tuve amables recordatorios de “Anzus” para el discernimiento y de “Kenaz” para recordar el poder de la creación y la luz interna que nos guía el camino de la creación de la más relevante obra de arte de nuestra vida: nosotros mismos.

Detrás del “7 de Copas” muy probablemente estará su solución, el “8 de Copas” que nos invita a dejar atrás todo para seguir el llamado de la Voluntad verdadera, bajo la luz de “La Luna” porque en nuestro corazón tenemos la vigorosidad de “Uruz”, la alegría de “Ingwaz”, el regalo de “Gebo”, la luz de “Kenaz” y bajo el discernimiento de “Anzus” podremos escalar como sea la montaña de la liberación de la ilusión, la que sí es, para alcanzar aquello que realmente nos dará la plenitud del 9. Un peregrino se mueve hacia su llamado dejando toda una vida atrás, así le funcione esa vida, y está dispuesto a enfrentar todas las dificultades que implica subir una montaña. Seamos ese peregrino capaz de pasar por las cortinas de la ilusión aún en la noche de la incertidumbre.

Estoy agradecida por todo lo bueno que hay en mi vida, pero estoy aún más agradecida por el discernimiento que me permite filtrar lo que sí lo es de lo que no. En mi corazón hay una llama que ilumina el camino, y aunque toda luz produce una sombra, mi atención está en el camino, no en los falsos monstruos que se proyectan en la pantalla de la mente y me distraen del ahora, lo único que realmente me pertenece.

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